DESAYUNO
La mesa servida
-el desayuno-
rostros sumergidos en sendos mundos,
explayados en sus propias quimeras, distantes
interrogantes flotan en el aire:
-¿el amor?-
-¿el deseo?-
...uno lee periódicos, otro arruga el alma
y se oye el sonido de los platos
como campanas llamando a misa
y oídos sordos
y el cuchillo se desliza por la mantequilla
evasivas miradas laceran la piel
de algo que una vez estuvo,
de algo que alguna vez fue bueno, corazones ofuscados
buscan leves rayos de luz
en la oscuridad luminosa del tedio
y dudas saltan
y provocan remolinos de recuerdos
y más interrogantes flotan en el aire
-¿y el amor?-
-¿y el deseo?-
-¿alguna vez existieron?-
deambulan los cuerpos fríos
senderos pedregosos, desconcierto
y capullos lloran tempranas muertes
y la culpa corroe
y el fantasma de la ilusión yace sepulto
y la mentira hecha verbo esparce cenizas al viento
la nada flota en el aire
extraños en la misma mesa
extraños comparten la cama
extraños bajo el mismo techo
afuera la vida pasa, miles de techos,
miles de mesas, los desayunos servidos,
miles de rostros callan
Ruth Ana López Calderón
03-04-2011
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NI OTRAS MANOS, NI OTRO CUERPO
Caricias congeladas en manos que huyen
En los ojos verdes, distantes, el desprecio,
Las palabras no pronunciadas
Pululan en la alcoba
Y una mueca sella el momento,
El semblante frío, inclemente como el invierno
Que apaga a su paso todo vestigio de fuego
El amor pasmado
Dos cuerpos envueltos
en la sombra agónica del deseo, maltrecho
Y pisoteado
No existe bálsamo que cure las heridas
Ni otras manos, ni otro cuerpo,
Ni el tiempo
Y sus olvidos,
liberan la piel mustia
entumecida
Y el alma huérfana de afecto
Y cómo duele despertar
Y cómo duele sentir,
el costado árido de la cama
Amanece
El amor tendido
Sobre sábanas raídas
Ruth Ana López Calderón
18-04-2011
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UNA SALIDA
Los lentos días, las noches aún más lentas
las madrugadas interminables
vestidos de temor,
palabras filos como navajas
vuelan por todas partes
la guerra de un sólo frente
avasalla temblores plegados del velador
y cadavéricos encuentros
arrastran sus astillas por las alfombras
nada aplaca la ira de la boca
vano llanto trastocado del techo
moja las paredes,
y la ventana vierte inútiles ruegos, herejes,
y el más absoluto silencio
exaspera, ¡sí!, ¡sí!, exaspera esa boca
a pocos metros
una salida vislumbra esperanza,
o me voy, o muero.
Ruth Ana López Calderón
05-06-2011




