sábado, 18 de junio de 2011

EL UMBRAL







EL UMBRAL





En el umbral,
a la espera del designio: lo diabólico o lo divino,
lanza la última mirada, desanda pasos,
llega al principio.


¡Si!, al preciso instante, al paso por el túnel primitivo,
donde la inocencia viste al cuerpo de blanco,
y las imágenes sobrepuestas, como fotografías,
una arriba de otra, lastiman los recuerdos,


y comienza la danza de sonrisas níveas,
y sonrisas oscuras, los latigazos
que van y que vienen, lacerando,
y los escombros se arrastran como gusanos.


El verdugo, a veces uno, a veces otro,
a veces ambos
las carcajadas, la dicha, como relámpagos esporádicos,
iluminan el rostro de la felicidad,
dejan aromas de nostalgia, incienso barato.


Todo un ritual engendrado en el vientre del destino.


Los suspiros pasan de largo
las mariposas grises, vuelan alrededor
animal enjaulado, devora los lamentos,
se pierde en el fondo del abismo,
preñado de pánico,
reducido a la sombra de lo abstracto:


¿quién escucha el grito?
el rumor del propio llanto?
el terror que mortaja, el leve aliento?


momento congelado,
inesperado rayo,
frío derrite, frío trae
los pasos temerosos,

y el olvido

y los fantasmas, visitan,
otra vez en el umbral,
bajo el alero,
donde un cuervo dice que la hora ha llegado.


El enigma tiembla
y la conciencia pregunta:

¿quién abrirá la puerta?

rechinan las bisagras,
el alma destempla,

el cuervo se espanta, en afán del vuelo,


una pluma escapa,
y cae en sus manos, negra y sola,
como pluma negra de cuervo


dos gotas de sudor, corren por la espalda,
una temerosa, otra resignada,


y los pasos escuchan
y los oídos sangran,
los ojos crispados
la presencia asoma la cara,
la luz de su mirada,
penetra,


despliega alas un brazo sombrío,
y el coro de ángeles canta.

-un tridente señala el camino-

¡oh!, no, no, ¡no!

no puede creer lo que ve:


un ser mutado,
mezcla de Dios y de Diablo.

El cuervo vuela a lo lejos,

la pluma sigue en mi mano.



Ruth Ana López Calderón
24-03-2011

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LA NADA Y LA GOLONDRINA








LA NADA








LA NADA Y LA GOLONDRINA





La golondrina emerge desde la rama,
y aletea y los sueños agigantan
sin reconocer fronteras, sin percatarse
del abismo bajo sus patas

y se eleva en vuelos zigzagues
y acelerados latidos claman
más allá de imposibles, más allá
de inauditos

y las nubes negras
estallan
y los ojos ciegos,
el corazón
estancan

la lluvia humedece el plumaje, esparcido
en el vacío,
el viento ya no sostiene, cae
cae
cae

abajo

la nada espera como siempre.


Ruth Ana López Calderón
15-06-2011














DETRÁS DE LA MÁSCARA






DETRÁS DE LA MÁSCARA





Aquí estoy con la máscara cubriendo el rostro
para no espantarte, para que no salgas corriendo


¡cuán débiles son las carnes desgarradas,
como seda atrapada en espinos blancos!
Y sus hilos trémulos,
y la humedad de los ojos, buscan con ansias tu imagen,
y me aferro para no caer en el vacío, en el lóbrego agujero
que succiona mi esqueleto


y siento frío
y desespero
y la soledad corroe los pensamientos,
y la tristeza, ¡Si!, la tristeza adherida al aliento
empaña el espejo donde veo al espectro


las pesadillas asoman, el temblor acaricia los dedos


el viento viene a jugar
con el fantasma de los cabellos, jirones del alma
vuelan esquizofrénicos, vuelan y se retuercen: culebras
intoxicadas con su propio veneno


¿dónde están los cabos sueltos?


agitado el pecho convulsiona
y lágrimas bañan el rostro
inundan los ojos que te buscan en el firmamento ficticio


una voz sofocada grita desde el interior
y las manos aladas tapan la boca
- es la conciencia que emerge de su grieta-
y exasperada clama:


¿sabes lo que es ser mujer y no poder serlo?


y la lucha infernal comienza
y la lucha terrenal no acaba

no reconozco lo que muestra el espejo
esos ojos hundidos, mustio el semblante,
la palidez de la muerte
y su alarido
y de pronto el corazón salta, en el cuerpo de otro,
y te leo de nuevo, te siento cercano,
eres el único que despavorido no huye,
el único que conoce la locura palmo a palmo


la luz apagada de los ojos te mira
y del corazón brotan pétalos negros
como la noche cubre con su manto la vida


la sombra luminosa del abrazo sale a tu encuentro
y quedo ahí fundida con el eco silencioso de tus palabras
con el arrullo mudo de un no se qué
que espero.


Ruth Ana López Calderón
22-03-2011