martes, 12 de abril de 2011

AVATARES y otros textos






AVATARES


La zozobra palpa el corazón
apabullado
enmarañado en celajes extraños


La cercanía distante, respirar casi el mismo aire,
caminar las mismas calles, sin que los pasos
lleguen al encuentro
hoy, el mismo viento que azota mi cara,
despeina tus cabellos


¡Oh!, los avatares de la ruta
y el laberinto en que estamos
sin darnos cuenta de que cuenta nos damos
del sarcasmo de las nubes
pone latidos enamorados al cuerpo
en el límite,
al cuerpo que cruza la frontera
entre ésta
y la otra vereda en la otra ciudad
de los túneles


¿cuándo florecerán las azucenas?
¿cuándo de tu boca un te quiero?
¿cuándo tu piel y la mía compartirán el lecho?


atroz, doliente en extremo
y casi burlesco ja, ja, ja...
poseídos del delirio
Lo siento, lo siento, olvidé que el tango es algo serio,
cuando llega a destiempo el ritmo
cuando no quedan restos para moverlo
cuando sólo llorarlo se puede


¿quién desata los nudos?
¿quién pone nubes rosas en el horizonte negro?
¿quién abriga huérfanas sandalias?


y la demencia anclada en la espera
golpea contra las paredes, ¡sí!, ¡sí!,
las paredes blancas, las paredes negras,
como tablero de damas antiguas
hacen eco en metálicas carcajadas
y devanan los algodones
los hacen polvo esparcido,
a nublar tus ojos
a mis ojos, llenarlos de cenizas,
ahítos de imágenes truchas
bailando sobre el iris calcinado por el frío


tus manos no tocarán las mías
tus labios no rozarán los míos
tu corazón, tu corazón
no latirá al compás que danza con la muerte
perdida en el limbo coherente de la locura


la oscuridad luminosa envuelve
tus huellas siguen su camino
las mías se detienen


Ruth Ana López Calderón

12-04-2011




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PAREDES


Las cuatro paredes
donde imaginariamente se pinta la vida,
el techo cobijo
de imágenes furtivas
y desconciertos,
los muebles sostienen los huesos,
préstamos del destino
a cambio de pesos, sucios
y malolientes pesos


el exilio voluntario
lacera viejas grietas que sangran,
como sangran los nuevos rasguños
en el yeso
y la condena del tiempo cautivo
en sus propios miedos lisos , en el horror
que espanta cada milímetro del estuco
y el dolor ¡sí!
el dolor abrasa como llama viva
como incendio voraz en el bosque seco
consumiendo la casa


las ventanas dilatadas
pero el aire, no llega a los recintos hambrientos


¿éste es el infierno?


la soledad emana de cada rendija
y llena espacios sin tiempo,
los recuerdos en ladrillos perennes
torturan, aniquilan el caserón hecho pedazos,
y atrapada entre ladrillos
en el cemento de estas cuatro paredes
la memoria como cortinas que oscurecen
cerrándose

¡no!, ¡no!, ya no se puede soportar
el rayo de luz cruzando el salón
y candelabros que retuercen
y clavan cada vez más
y más hondo


detrás de la puerta entreabierta
el mundo sigue su paso frenético,
alucinógeno de sombras,
allá quedan las recargas queridas,
dentro las cuatro paredes, el rayo petrificado
en el aliento lóbrego de un gemido
que salen los muebles

Ruth Ana López Calderón

14-04-2011





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