La noticia llega -una mañana- cualquiera,
con asombro en la cara, con incrédula,
y temerosa,
con el consultorio médico tornando
a fragmentar la vida,
las ilusiones de los sueños como anestesiados
y escombros giran y caen
en derredor
como urna muda
y la ira camina el corazón que encoge
que no digiere y se niega
al veneno cuando corroe
las entrañas en momentos subvertidas
con miles de pinceles que esbozan sin color
el lienzo futuro de mortaja:
y las flores y los pájaros se han echado a volar
y toda la noche nausea su nuevo aroma de fétido
de agónica carne
de huesos que velan,
entierran y lloran sus astillas
sus macabras rondas cruzadas:
hilando del destino con la muerte ansiosa
cogiendo la mano y acariciando la espalda.
ahí agonizando, ahí en la tortuosa espera,
la certidumbre de la próxima hora
ahí,
ahí cuando oprime la garganta
hasta producir el tono mortecino de la piel.
Y lo absorbe la locura
Y fragmenta la cabeza,
Y desorbita el alma.
pero no calma
debaten
pero no calma
niegan
pero no calma:
hacia la nada
que te triza y machaca.
Un brazo extendido de la noche abraza con frío.
Ese que antes era dulzura:
y vamos peregrinos por tinieblas
navegando un mar que atrapa a la deriva.
Y el espíritu, su rebeldía.
Y gritan , y se cenizan
y claman -un poco más de tiempo-
un poco más
de tiempo
un poco más.
o pedir perdón
o volver a engullir el chocolate prohibido
y mirar en calma la rosa
y correr detrás de la paz del alma,
a escondidas en el bosque de bayas
donde quedamos atrapados,
donde punzan las espinas
donde contamos gotas
y minutos que marcan de sangre
el reloj de un tiempo que se agota enrojecido.
si ya no son los mismos ojos de antes:
de catacumbas donde la belleza quedó como
cráneos vacíos para el regocijo de turistas
y lo que hace tic tac es el horror:
noches de pesadillas
Tic tac:
grietas en la cama
Tic tac:
el techo quebrado en dos
Tic tac:
los pies hundidos en lo oscuro
Tic tac:
el abismo en los lamentos.
representar distintos
en diferentes escenarios
y detrás de la máscara
escondidos
el sufrimiento y la agonía
perforan la piel, la propia máscara
milímetro a llanto
y sudamos fríos centímetros
de sangre.
en santuario inmaculado
a pensamientos inmaculados,
cuando se respira infamia,
y los instintos paranoicos,
esquizofrénicos deseos, devastados,
arrastrando sus pedazos
hasta quedar quieta tiritando en un rincón,
y esperando, y esperando,
y esperando.
24-02-2011
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