Ni una palabra que pueda alejar la tristeza,
ni el vuelo de la mariposa
que choca con la ventana,
revolotea,
y no se posa,
ni sus vivos colores alegran la mirada:
donde una estatua
de sal y de arena
petrificada en la cama contempla
día y noche
la misma cosa,
el dolor
que no cambia,
ya agudo, ya sonriente, ya calcinado
presente como llaga
supura inmovilidad y grito
y se esparce
hasta la consumación
donde agita la conciencia
en su pregunta:
es esto la vida?
El silencio,
con una lágrima que abandona
el cuerpo, responde,
y rueda hasta la almohada.
22-02-2011
____________________________________________________________________________
