Tiemblo bajo la mesa
abrazada al perro que al igual que yo,
también tiembla,
la lluvia de gotas metálicas, humeantes,
desgarra la piel de la tierra
y los gritos llegan
y todo se agita, madres, tías, hermanas, esposas
y abuelas, corren , ¡corren!...¡Sí!, corren,
buscan su carne, buscan su sangre,
tal vez derramada a la vuelta de la esquina
hablo con el perro, las lágrimas mojan el uniforme de la escuela,
el perro gime, mira con ojos de –¿qué pasa?, no entiendo-
y tenemos miedo
y tenemos hambre, las patas de la mesa parecen gigantes,
la radio truena, no hay nadie,¡ no!, no hay nadie...
sólo lágrimas
y el rostro
y las manos
y el uniforme escolar llenos de pelos
y el perro
y los dos temblando bajo la mesa
del cielo, sigue cayendo la lluvia metálica,
las entrañas de la tierra se desangran
pájaros con alas de fierro, oscurecen el cielo,
esa mañana
Ruth Ana López Calderón
30-03-2011
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SIN PIEDAD
Caminan los pasos
madruga embriagada de baile
las luces del coche ciegan,
brazos aprisionan y elevan el cuerpo
dentro de la cajuela,
oscuridad total,
se mueve veloz
como el corazón despavorido
Cesa el trueno del motor
las voces se acercan,
manos extrañas tocan violentas,
resistencia feroz, gritos
callados a golpes,
el caño de arma sobre la piel,
espanta, petrifica,
se desgarra la ropa como el alma
y los jirones de tela y piel vuelan
con el viento frío,
no hay piedad en la fuerza que aniquila,
avasalla el pudor, escupe la honra,
la dignidad rueda
como las piedras pateadas
esos zapatos negros
y el asco
y nauseas convulsionan el momento
las voces huyen,
quedan las huellas,
tendido el ultraje
sangre por donde se mire
seca
como hasta las lágrimas, secas.
Ruth Ana López Calderón
07-05-2011


